EL DUELO COMO PROCESO AUTORREGULADOR

El duelo es una experiencia emocional que se transita cuando afrontamos la pérdida de alguien o de algo con quien estábamos vinculados.
Solemos asociar el duelo a la pérdida de un ser querido porque fallece, pero también pueden perderse, por ejemplo, aspectos de uno mismo, algo material a lo que nos sentíamos muy vinculados o podemos vivir la pérdida de la pareja al separarnos.
En todos los casos se puede vivir un duelo. Todos los duelos tienen en común unas etapas por las que es natural y sano transitar. Estas etapas pueden vivirse en orden, o no; incluso es posible revivir algunas, y su intensidad y duración puede ser completamente variable para cada persona.
Etapas del duelo
Diferentes estudios coinciden en nombrar cuatro etapas. Cada una de ellas lleva consigo asociadas diferentes emociones:
1.- Etapa de negación o de shock
La primera de las etapas es la de negación, shock o aturdimiento. En ella experimentamos una parálisis o bloqueo, y la sensación de que no ha ocurrido la pérdida. Se trata de un mecanismo de defensa frente al dolor.
2.- Etapa de anhelo o de búsqueda
La segunda etapa de duelo es la etapa de anhelo, de búsqueda o de ira. En esta fase experimentamos más irritabilidad, empezamos a echar de menos, es el momento en el que deja de ser posible sostener la negación de la pérdida y comenzamos a tomar conciencia de lo que ha ocurrido. Aparecen estos sentimientos de ira y de desesperación: sentimientos de falta de comprensión de la pérdida, falta de sentido, y comenzamos a conectar con el dolor.
3.- Etapa de desorganización o depresión
La tercera etapa es la etapa de desorganización, desesperación o a veces se llama también la etapa de depresión, ya que comparte con esta sintomatología sentimientos de tristeza, de soledad y de vacío, así como falta de ilusión. En esta etapa la conciencia sobre la pérdida ya es total: se percibe la irreparabilidad de lo ocurrido.
4.- Etapa de reorganización y aceptación
La cuarta y última etapa es la etapa de reorganización y aceptación. En ella nos preparamos para continuar con nuestra vida, se empiezan a establecer nuevos patrones de vinculación, e incluso a crear nuevos vínculos. Llega la aceptación de la situación, antes estábamos en la conciencia sobre lo que había ocurrido, y ahora aquí llegamos a la aceptación de está perdida. Aparece un mayor abanico de emociones que nos permiten continuar con otras cosas.
La importancia de la vivencia emocional
El duelo es una reacción adaptativa y normal que aparece ante una pérdida y tiene la función de facilitar la asimilación de dicha pérdida.
En todas las culturas existen rituales para acompañar este proceso de duelo, ya que es muy importante darle el espacio social y personal que requiere. Este proceso es una experiencia emocional muy intensa, en el que, si nos adentramos y experimentamos todo lo que nos trae, estamos autorregulándonos.
Nos brinda la oportunidad de reconocernos a nosotros mismos, nos puede ayudar a darnos cuenta de asuntos importantes para nosotros e incluso puede llevarnos a transformar nuestra propia realidad.
